Cada sesión de entrenamiento debe tener un objetivo

A la hora de planificar un entrenamiento hemos de tener en cuenta que cada entrenamiento ha de tener un objetivo. Ninguna sesión ha de dejarse al azar, y así la eficiencia del entrenamiento vendrá marcada fundamentalmente por la estructuración de la planificación.

En el momento de la planificación nos tenemos que plantear un objetivo a corto plazo, que nos lleve a nuestra gran meta a medio y largo plazo. Siempre que planteamos un objetivo, hemos de tener en mente no tanto ritmos de entrenamiento, sino qué vía metabólica queremos trabajar y mejorar. A partir de ahí hemos de saber los ritmos de entrenamiento para precisamente mejorar el metabolismo celular. De esta manera, los entrenamientos han de ir enfocados no tanto hacia ritmos, sino más bien hacia el metabolismo del músculo. Recordemos que para desarrollar cualquier actividad, la célula muscular requiere de energía, que viene proporcionada por el metabolismo. Cuanto más eficiente sea el metabolismo que proporciona la energía para la contracción muscular, mayor será el rendimiento. Por lo tanto, al contrario de lo que habitualmente se hace en los planes de entrenamiento, los objetivos deberían ir marcados no tanto para hacer un tiempo x, sino más bien hacia la mejora de las vías metabólicas.

Desde el punto de vista fisiológico, y enfocado hacia el entrenamiento de la carrera podemos diferenciar dos vías metabólicas fundamentales en el rendimiento. Metabolismo aeróbico, marcado por los ritmos de entrenamiento necesarios para trabajar aquellas vías metabólicas que no impliquen una subida de lactato; la segunda vía sería la correspondiente a ritmos que implican subida en niveles de lactato como consecuencia de vías glucolíticas. Entre ambas, nos encontramos con el punto en el cual con un pequeño aumento de ritmo implica un aumento exponencial de niveles de lactato entrando metabolismo láctico. Éste punto, o umbral láctico, es fundamental para el rendimiento, ya que cuanto más retrasemos la subida de lactato, más retrasaremos la fatiga aguda, y por lo tanto el agotamiento.

«La clave del entrenamiento radica en retrasar la fatiga aguda que irremediablemente nos llevaría a la bajada de ritmo de carrera»

Por lo tanto, el entrenamiento de debería ir enfocado hacia las dos vías metabólicas, aeróbica y láctica. Mejorando la primera conseguiremos mejorar en la segunda, y un cóctel adecuando de ambas es clave para conseguir «sostenibilidad» en el ritmo de competición.

Habitualmente, se utiliza el término «zona de entrenamiento» para determinar la intensidad de cada sesión de entrenamiento. Sin embargo, siendo puristas, deberíamos hablar no tanto de zonas sino de vías metabólicas. Si queremos ser más puristas todavía, deberíamos planificar en función de dos vías metabólicas, y no de 5 ó 7 zonas de entrenamiento. De nuevo, desde el punto de vista fisiológico, y pensando en vías aeróbicas y lácticas, deberíamos saber ritmo para trabajar vías aeróbica y ritmo para trabajar umbral láctico. Dos ritmos, para dos vías metabólicas, y mejorando ambas mejoraremos nuestro rendimiento.

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Luis del Águila

• Doctor en Fisiología.
  (Penn State University, USA).
• Fellowship.
  (Harvard Medical School, USA).
• Licenciado en Bioquímica. 
  (Universidad de Navarra, Pamplona)
• Recordman Nacional Master
• Medallista Internacional Master
• Campeón de España Master
• Campeón Regional Absolut
• Apasionado del Entrenamiento

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