Debilidad Muscular

Definimos músculo débil como aquél que no puede hacer fuerza en todo su rango de movimiento, y en momento adecuado. El sistema reconoce la debilidad y responde con una protección, restringiendo el movimiento asociado a la musculatura débil y sobre-solicitando otros músculos que salen al “rescate” del primero. Por lo tanto, otros músculos hacen la función de la musculatura débil, compensando por su debilidad. Toda la musculatura tiene que hacer lo correcto en el timing adecuado, de otra manera otros tendrán que compensar para realizar la acción solicitada y en el momento preciso. El cuerpo es un gran compensador, buscando los recursos que tiene para funcionar en las mejores condiciones posibles. Ahora bien, la compensación tiene un precio, realizar el trabajo de otros cuando la función realmente no está pensado para los que compensan sino para los primeros. El resultado será una función muscular comprometida, con un movimiento alterado y en un timing tardío. Este hecho es especialmente evidente en el deporte, aunque también puede darse en personas sedentarias, y por supuesto en personas de edad avanzada. 

Los mecanismos asociados a la debilidad muscular no son bien conocidos, especialmente en personas sin patologías. Especial interés hay en el deporte, ya que estudios han indicado que la práctica deportiva más que generar un sistema neuromuscular eficiente, podría perturbarlo. La evidencia está en que un alto porcentaje de las personas que realizan deporte se lesionan de forma muy habitual y recurrente. Un posible mecanismo que podría explicar una alteración en el sistema neuromuscular con el deporte es la fatiga muscular. La fatiga puede alterar la eficiencia del sistema propioceptivo, disminuyendo su capacidad de adaptación frente a gestos y movimientos altamente demandantes de fuerza, y redundando en una pobre estabilidad articular. Una prolongación en el tiempo de esta situación podría generar la lesión. Se ha demostrado que la fatiga induce un control neuromuscular comprometido.

El dolor, en la gran mayoría de las ocasiones asociada a la debilidad muscular, es el síntoma, pero no necesariamente el origen del problema. El objetivo será no tratar el síntoma sino solucionar el problema, que habitualmente no está en la zona del síntoma. La debilidad muscular está vinculada a una inhibición de la musculatura y falta de eferencias nerviosas para la activación de la misma. La inhibición será resultado de una comprometida comunicación entre el sistema muscular y el sistema nervioso.

En el cuerpo humano todos los gestos, están regidos por mecánicas de movimiento. Por ejemplo, al correr, una mecánica de movimiento fundamental para una zancada eficiente es la extensión de cadera, en donde entran en juego glúteo mayor, isquiosurales, fibras verticales del aductor mayor, géminos de la cadera, entre otros. En definitiva, en cada mecánica de movimiento no hay un único músculo implicado, sino todo lo contrario; muchos músculos trabajan en «equipo» para generar una zancada eficiente. De poco serviría tener unos isquiosurales fuertes, si todos los demás músculos implicados en la extensión de cadera están débiles. Así, el cuerpo tiene muchos recursos musculares para la mecánica de extensión de cadera, y más eficiente será el gesto cuanto mejor funcionen todos y cada uno de los músculos implicados. Está de moda hablar de trabajo en equipo dentro del sector empresarial, pues bien, en el cuerpo también es importante todo el equipo muscular, y no solo uno de ellos. Sería difícil imaginar una empresa eficiente si solo trabajaran 3 de los 30 componentes de un equipo. En el cuerpo humano, al igual que en una empresa, y salvando las distancias, más eficiente será un gesto cuanto más recursos musculares tenga nuestro organismo para realizar el movimiento.

El resultado de poca eficiencia en recursos musculares y de un comprometido trabajo del equipo muscular, no solo es un rendimiento disminuido, sino además lesión.

Podemos ir más allá, y ser todavía más precisos con la causa principal de la lesión. Siguiendo con el ejemplo de los isquiosurales, es muy habitual encontrarnos con sobrecargas y lesiones en isquiosurales, no tanto por debilidad en ellos, sino por una falta de función muscular en glúteo mayor y resto de extensores de cadera. Por lo tanto, la solución pasará no tanto por hacer más fuertes los isquiosurales, sino más bien por trabajar el resto de la musculatura asociada a la extensión de cadera. Un correcto trabajo de toda la musculatura implicada en la extensión de cadera permitirá disminuir el estrés y sobrecarga habitualmente encontrada en isquiosurales.

Con respecto al rendimiento, y siguiendo con el mismo ejemplo de los isquiosurales, mecánicas fundamentales en la carrera es la extensión de cadera y flexión de rodilla. Ambas «destrezas» son críticas en el rendimiento eficiente. Así nos encontramos innumerables casos de corredores populares, incluso élite, que prácticamente no levantan el pie del suelo, llevando una zancada pendular como consecuencia no tanto de debilidades de isquiosurales, sino del resto de musculatura asociada a la extensión de cadera y flexión de rodilla. La solución pasa no tanto en mejorar la fuerza de los isquiosurales, sino del resto de la musculatura implicada en la adecuada orquestación de ambas mecánicas de movimiento. Aquí por lo tanto tendríamos que nombrar a extensores de cadera (glúteo mayor, fibras posteriores del glúteo medio, fibras verticales de aductor mayor, géminos de la cadera…), y también flexores de rodilla (isquios propiamente dichos, gemelos, plantar delgado…).

Como resumen, paradójicamente el músculo que se sobrecarga y se lesiona no es el débil, sino el fuerte por sobre-uso, y por tener que realizar la función del débil que no actúa. Con respecto al rendimiento, la mejora pasa no simplemente por el trabajo de un músculo sino de todos aquellos implicados en la mecánica de movimiento a trabajar. Al contrario de lo que se piensa y se hace, la mejor manera de evitar sobrecargas en un músculo y mejorar el rendimiento, no es ejercitar la fuerza en éste último, sino en los débiles responsables del sobre-uso del primero. El corredor fuerte es aquel que dispone de recursos musculares, es decir que utilizar todos y cada uno de los músculos disponible en el gesto de la carrera, y así evitando la sobrecarga de la musculatura fuerte. Cuanto mayores recursos musculares cuente nuestro sistema muscular, mejor será la eficiencia de la carrera y el rendimiento deportivo.

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Luis del Águila

• Doctor en Fisiología.
  (Penn State University, USA).
• Fellowship.
  (Harvard Medical School, USA).
• Licenciado en Bioquímica. 
  (Universidad de Navarra, Pamplona)
• Recordman Nacional Master
• Medallista Internacional Master
• Campeón de España Master
• Campeón Regional Absolut
• Apasionado del Entrenamiento

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